personaNormal-65hqjus5qexhwaxdmrq7ad4fs7g55s930ztiims6lxqBenito Taibo es un escritor mexicano autor de Persona normal (2013) y Desde mi muro (2014). Puedes leer la sinopsis pulsando aquí.

Persona normal es un libro que me gustó mucho y que indudablemente se convirtió en uno de mis favoritos de este año. Para escribir esta reseña tuve muchas dudas sobre cómo la iba a enfocar, concluí que, es un libro para recomendar y luego que esa persona lo lea decir con una sonrisa  “sí, lo sé”. Porque es de esos libros que quieres empezar a leer de nuevo para digerir esa información, y luego quedarte pensando. Las palabras sobran porque te quedas sin aliento. Además, este libro tiene la particularidad de que remite a más de 100 historias de otros autores.

Más allá de lo que pueda escribir aquí sobre los personajes o la historia, estoy convencida de que se debe leer y sacar conclusiones propias. Así que, me tomé la libertad de extraer un fragmento que no revelará algo de la historia pero que sin embargo, fuese significativo. Espero que lo lean y me cuenten sus opiniones en los comentarios.

DE DÓNDE SOY Y ADÓNDE PERTENEZCO.

Uno no es de donde es, sino de donde quiere ser. Puedes haber nacido en la ciudad más grande, impresionante, cosmopolita del mundo, pero en el fondo de tu alma, dentro de tu corazón, pertenecerle a ese pequeñísimo pueblo en la montaña, allí donde las golondrinas suben y bajan la cañada durante los atardeceres a comer, haciendo un ballet acrobático de alas que te devuelven la capacidad de asombro, allí donde puedes ser el privilegiado testigo del portento inmenso que significa la naturaleza. Y ser de allí, aunque estés viviendo en el piso 51 de un edificio en Nueva York y que abajo, taxis como hormigas amarillas, anden buscando siempre enloquecidas su destino.

Algunos creen que sólo pueden ser del mismo lugar de donde son sus antepasados. Les da una sensación de pertenencia, de apego a la tierra, de seguridad. Se forja así un hilo invisible pero poderoso que los ata irremediablemente con el suelo que pisan. Desde que dejamos de ser nómadas y nos establecimos, cuando decidimos el lugar donde debía estar nuestro hogar, creamos un vínculo especial con el entorno. Echar raíces, dicen los viejos. Tienen razón.

Y, sin embargo… Mis padres están aquí; bueno, sus cenizas están aquí, y yo no siento ningún apego especial por este sitio en el que vivo. Hablo de la ciudad, entiéndanme.

Tal vez soy más de otros lugares en los que no he estado nunca y que a pesar de ello, anidan en mi corazón y en mi cabeza y son tan parte de mí como yo mismo. Hablo de Mompracem, donde tienen Sandokán y Yánez su guarida y su hogar, su territorio libre, su santuario. Soy de Macondo porqué allí está mi casa y mi patio interior con macetas y guayabas, donde las mariposas amarillas revolotean por miles mientras cae un diluvio, soy de allí porqué allí vi por primera vez el hielo, porque los milagros y las maravillas son cosa de todos los días y sencillamente, porque se me da la gana y allá voy cuando no quiero olvidar que estoy muy, pero muy vivo. Soy de Cuévano, porque está y no está en ninguna parte, porque se parece mucho al México que sufro y donde pasan cosas que por inverosímiles, por fuerza deben ser ciertas; porque allí me divierto como loco y al mismo tiempo pienso y me duele y está lleno de amigos y enemigos. Soy de Comala, que a pesar de estar lleno de muertos, hablan y te cuentan historias y te dicen cómo se abona la tierra con sangre y cómo, por ser lo que fuimos, vamos poco a poco siendo lo que somos. Soy del País de las Maravillas, donde me apura siempre un sombrerero loco que tiene prisa y que no va a ninguna parte, donde hay orugas gigantes que fuman en pipas de agua, y gatos que se desvanecen como por encanto pero que dejan, inmensa, su sonrisa colgada en el aire. Soy de la lancha en la que el viejo captura un pez enorme y pasa días enteros luchando contra él, más allá de sus fuerzas, más allá de lo imaginable, y por las noches sueña con leones; a punto de ser vencido, el viejo dice: «Pero el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado», y sigue peleando.

Soy de Nuncajamás, ya lo había dicho. No quiero crecer, por lo menos aquí dentro, en mi cabeza (…).BenitoTaibo_1

¡Nos leemos en la próxima entrada!

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