El corazón es un poema del escritor español José Selgas. Este autor, fue un destacado poeta lírico nacido en 1882. Lo leí por pura casualidad porque se encontraba en unas páginas de un libro que me regalaron y desde entonces me encantó. Asimismo, este 14 de febrero se celebra en Venezuela y varias partes del mundo el Día del amor y la amistad o Día de San Valentín, según sea el caso. 

Y quise compartirlo con ustedes esperando que su lectura les resulte tan agradable como a mí. 

El corazón

Según la medicina, el corazón no es más que la regadera del cuerpo humano.

Una especie de bomba que, comprimiéndose y dilatándose alternativamente, lanza raudales de sangre por las misteriosas vertientes de las venas.

Mecánicamente considerado, un muelle real de este reloj eternamente descompuesto que se llama hombre.

Un aparato admirablemente construido, pero nada más que un aparato.

La medicina y la mecánica se sientan al pie de ese descubrimiento con la satisfecha tranquilidad del viajero que ha terminado su camino.

He aquí el corazón según la ciencia.

Nosotros ponemos la mano sobre él, y lo sentimos golpear incesantemente, como si quisiera que no olvidáramos que va siempre con nosotros.

En sus latidos hay algo de impaciencia, algo de esa precipitación que en sus movimientos llevan las cosas que acaban pronto.

Parece que la rapidez incesante con que se agita, es una voz sin palabras que nos está gritando siempre: “esto va a escape”.

Yo creo algunas veces que es un ser escondido dentro de mi ser, encargado de contar los instantes de mi vida.

Terrible cronómetro, que no pierde ni un átomo de tiempo.

Sus latidos son como los golpes sordos de una piqueta inexorable que va minando lentamente los cimientos de un edificio. 

El día que el ruido cesa, el edificio se desploma.

Para los médicos solo arroja la sangre que nos da la vida.

Observadlo bien, y veréis que cuando se siente oprimido, empuja hacia los ojos torrentes de lágrimas.

El corazón se puede decir que es el cerebro de los sentimientos.

La cabeza nos dice: Piensa. El corazón nos dice: Siente.

La inteligente discurre, el corazón adivina.

Lo que en la inteligencia es un cálculo, en el corazón es una esperanza.

La razón hubiera ya convertido en virtudes todos los vicios, si hubiera podido seducir al corazón.

La inteligencia más grande no vale tanto como un corazón hermoso.

La inteligencia propone, el corazón manda.

Para medir bien la diferencia que hay entre la filantropía y la caridad, debe tenerse presente que la primera es una idea y la segunda un sentimiento.

José Selgas.

Posiblemente estas letras sean muy conocidas y recién yo me estoy enterando de ellas. También sé que pueden estar copias una y otra vez en las inmensidades de Google pero nada se comparará con el placer de mecanografiar cada una de estas palabras. ¿Les gustó?

¡Nos leemos en la próxima entrada! 

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