Cuando inicié con el blog mi primera meta fue escribir sobre la Venezuela literaria que tanto me gusta. Un año después; el precio de los libros y la falta de tiempo para realizar las investigaciones complicó un poco lograr el objetivo.

Sin embargo, hoy les voy a escribir acerca de José Antonio Ramos Sucre un persona icónico en la literatura Venezuela y que hoy en día se considera un clásico. 

José Antonio Ramos Sucre fue un poeta, ensayista, educador y diplómatico venezolano. Tuvo una vida difícil al igual que su carácter en ocasiones huraño, irritable, de ojos azules y delgado de complexión. Fue el tercer hijo del matrimonio de Don Jerónimo Ramos Martínez, historiador y maestro, y de Doña Rita Sucre Mora de Ramos, sobrina nieta del Mariscal de Ayacucho.

Los escritores se dividen en aburridos y amenos. Los primeros reciben también nombre de clásicos.

Vivió y padeció la época de la dictadura militar de Juan Vicente Gómez, quién gobernó desde 1908 hasta 1935. No obstante, en su obra no hace referencia directa este hecho. Asimismo, la vida del poeta transcurrió entre Cumaná y Carúpano; la vivida en Caracas y la final, en Europa.

José Antonio Ramos Sucre fue un estudiante brillante, especialmente apasionado por el estudio de las lenguas; además del latín, llegó a dominar el francés, el italiano y algo de alemán.

A los 21 años llega a Caracas donde inicia una época de tenaz sabiduría; en su biblioteca se encuentran textos desde diccionarios de varias lenguas, gramática y lingüística, filosofía, mitología, historia, geografía hasta literatura. Todo esto convergió en su obra, La Torre de Timón, Las formas del fuego y El cielo de esmalte.

Debido a su situación socioeconómica se ve obligado a desempeñar varios oficios:  profesor en el Colegio Sucre, escritor en periódicos y revistas (El tiempo, Renacimiento, El heraldo, El universal, El nuevo diario y en las revistas: El cojo ilustrado, Actualidades, Élite y Billiken). Dictó clases de Latín y Griego, de Historia y de Geografía Universal y de Venezuela. Fue colaborador en el Museo Bolivariano y en 1914, es nombrado oficial de la Dirección de Derecho Público Exterior en la Cancillería, allí trabajará como traductor e intérprete durante 14 años, hasta 1929 cuando viaja a Europa.

El desequilibrio de mis nervios es un horror y solo el miedo me ha detenido en el umbral del suicidio.

A Lorenzo Ramos, 25 de agosto de 1929.

En cuanto a su obra, del romanticismo; tiene el gusto por los paisajes ruinosos y nocturnos, el exotismo y la enfatización del yo. Del parnasianismo; el acabado marmóreo de sus poemas. Del simbolismo; la búsqueda de la musicalidad y el ritmo encantatorio, el trabajo consciente de la palabra, y sobre todo, el gusto por la imagen sugeridora y cambiante.

Ramos Sucre utilizó la prosa poética, forma de insospechada modernidad, iniciada en Francia por Aloysius Bertrand y rescatada por grandes poetas como Baudelaire y Mallarmé. Su poesía se transforma entonces en un gran mural, por el cual desfilan poetas, héroes y santos, pero también, malvados, traidores, brujos y tiranos. Lugares extraños y remotos, épocas cercanas o pretéritas.

Los poemas de José Antonio Ramos Sucre, son un universo de espanto y de muerte con ritos, castigos, plagas, terribles suplicios expresados en imágenes elusivas y alusivas y en un tono satánico que no tiene antecedente en la Literatura del país.

Finalmente, días antes de morir escribe a su prima Dolores Emilia Madriz: los médicos de Europa no han descubierto qué es lo que me derriba. Yo supongo que son pesares acumulados. Tú sabes que mi cadena fue siempre muy corta y muy pesada. Nací en la casa donde todo está prohibido.

¡Nos leemos en la próxima entrada!

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Referencias Bibliográficas:
Morón, G. (1980) 25 clásicos venezolanos.Caracas: MENEVEN. 
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